Lo que duele no siempre es un castigo, a veces es una liberación.
Hay dolores que parecen injustos. Esa despedida inesperada. El despido que destroza los planes. La decepción que duele más que cualquier herida. Cuando esto sucede, es natural pensar: "¿Qué hice mal?". Lo que duele no siempre es un castigo, a veces es una liberación.









