Porque a veces lo que más duele no es lo que pasó, sino en lo que dejamos de creer después de eso.
Hay días en que tu fe flaquea. No porque lo quisieras, sino porque la vida te golpeó fuerte. Y cuando eso sucede, no solo empiezas a dudar de Dios, sino también de ti mismo. Todo se queda en silencio por dentro. La esperanza se desvanece. La fuerza desaparece. Y el espejo parece reflejar a alguien que ya no reconoces.
Pero incluso en este abismo de confusión, hay una salida. Comienza lentamente. Casi imperceptiblemente. Y se llama oraciónNo del tipo que se hace con fórmulas prefabricadas, sino del que surge de lo más profundo, entre los escombros de lo que queda. Es en este lugar donde aprendes, con humildad y valentía, a creer de nuevo.
Cuando la vida se rompe, la fe se hace pedazos
¿Alguna vez has tenido días en los que todo parecía desmoronarse de golpe? ¿Cuando el "todo saldrá bien" ya no te convenció? En esos momentos, lo primero que pierdes es la confianza. Primero en Dios. Luego, en ti mismo. Y lo peor es que nadie se da cuenta.
Sigues sonriendo por fuera, pero por dentro llevas una mezcla de cansancio e incredulidad. No sabes si Dios te escucha. Y en el fondo, empiezas a pensar que quizá la culpa está en ti. Que quizá ya no mereces soñar, intentarlo, empezar de nuevo.
Pero es mentira. Nada de eso es verdad. Simplemente estás herido. Y el dolor no borra las promesas. Solo necesitan tiempo, cariño... y una fe restaurada.
Empezar de nuevo es un acto silencioso de fe.
Recuperar la fe en uno mismo es una de las batallas más difíciles. Porque requiere paciencia con los defectos y compasión por los tropiezos. Es comprender que no es necesario ser fuerte todo el tiempo ni perfecto para ser amado.
Y cuando también la fe en Dios se debilita, lo que queda es sentarse, respirar y hablar con Él como se hablaría con un viejo amigo: sin máscaras, sin miedo, sin vergüenza.
La oración que sana no es la más bonita. Es la más sincera.
Oración para cuando todo se desmorona
Si no sabes qué decir, di esto:
Señor, lo admito: no estoy bien. Me he perdido, y quizá también me he distanciado de Ti. Pero aquí estoy, con lo que me queda. No tengo palabras bonitas, ni certezas. Solo una petición: ayúdame a volver. A confiar de nuevo. A verme de nuevo a través de Tus ojos. Y si es posible... a sentirte también de nuevo.
No importa si tu voz es débil. Dios escucha tu corazón. Él conoce el peso que llevas y cuánto te esfuerzas. Esta oración, dicha con sinceridad, es más poderosa que cualquier ritual perfecto.
La fe en Dios comienza con la fe en ti mismo.
¿Cómo puedes creer que Dios todavía tiene planes para ti si ni siquiera crees en tu propio valor? Por eso, la sanación por la fe comienza en tu interior. Volver a confiar en ti mismo es el primer paso para volver a confiar en todo lo demás.
Y no importa si toma tiempo. Cada paso es un milagro. Cada intento de levantarse es una oración viva. Cada vez que dices: "Lo intentaré de nuevo", el cielo sonríe.
No tienes que ser fuerte hoy. Solo tienes que estar dispuesto a no rendirte.
Un susurro a tu alma cansada
Si lees esto ahora mismo con pesar, debes saber esto: no estás solo. Todos hemos dudado de nuestra propia fuerza en algún momento. Todos nos hemos preguntado si Dios sigue ahí.
Y es precisamente en este punto donde ocurren los reencuentros más grandes. Porque a Dios no le ofenden tus dudas. Solo quiere que regreses. Que abras tu corazón tal como es. Sin máscaras. Sin frases memorizadas. Solo tú y Él.
Respira hondo. Coloca la mano sobre el pecho. Cierra los ojos un momento. Y di:
“Quiero volver a creer.”
Esta frase ya es una oración completa.
Dios nunca se dio por vencido contigo
Mientras lo cuestionabas todo, Él ya preparaba un nuevo comienzo. Mientras llorabas, Él te cubrió de silencio. Y mientras decías: «Ya no aguanto más», Él sostuvo lo que ni siquiera podías imaginar.
Puede que te hayas extraviado, pero Dios siempre supo dónde encontrarte. Y ahora que te detuviste, respiraste hondo y decidiste volver a intentarlo, Él te guiará de vuelta. Lentamente, a su tiempo, con amor.
Créeme: Él todavía tiene planes para ti. Y tu historia no termina aquí.
El milagro comienza con un paso.
No necesitas sentirte como un 100% para empezar de nuevo. Solo necesitas desearlo. Y ese deseo, por pequeño que sea, puede mover montañas en el mundo espiritual.
No subestimes el poder de una oración hecha entre lágrimas. Dios valora tu sinceridad más que tus esfuerzos por aparentar bienestar. Él no quiere máscaras. Te quiere completo. Tal como eres.
Y si lo único que puedes hacer hoy es decir: «Ayúdame, Dios»... basta. Porque la fe no tiene que ser grande. Simplemente tiene que ser real.
Ver también: ¿Cómo practicaban su fe los cristianos antiguos?
21 de mayo de 2025
Con gran fe y positividad, escribe para Pray and Faith, llevando mensajes y enseñanzas Divinas a todos.